
Después del coma, mi blog está comenzando a respirar.
Ha pasado tiempo desde la última ves.
Aveces saber que escribo para mi misma me hace ignorar el intento.
Pero he aprendido de C. J. Mahaney que hablarnos a nosotros mismo, es mucho mejor que escucharnos. De hecho, nos escuchamos demasiado!
Así que, Ady, for the record: Recuerda este gran ejemplo:
Juan Huss.
Hus fue ordenado sacerdote en 1400 y nombrado predicador, primero en la iglesia de San Miguel y luego en una capilla, en 1402, donde se predicaba exclusivamente en idioma checo. Allí criticaba la corrupción moral de la Iglesia, los abusos que cometía y la riqueza que estaba acumulando. Hus quería que la Iglesia católica fuera pobre, que todo lo que hiciera estuviera claramente basado en el Evangelio; además, criticaba la venta de indulgencias.
Le decía a todo el pueblo que debía desobedecer a la Iglesia porque era evidente que los sacerdotes vivían en el pecado.
Predicaba acerca de Jesucristo, y decía que el papa, con su corrupción y sus muchos pecados y errores que enseñaba a las personas, era la encarnación del Anticristo.
El emperador Segismundo le ofreció un salvoconducto para que Hus acudiera al Concilio de Constanza a explicar sus postulados, pero en el Concilio Hus se negó a retractarse y por ello fue condenado por herejía.
El rey Segismundo de Hungría lo acusó de traición y le condenó a morir en la hoguera, ejecutándose la sentencia el 6 de julio de 1415.
Sin perder tiempo, los verdugos apilaron leña hasta el alto de su barbilla.
Poco antes de encender el fuego se acercó un obispo y le dijo:
“Si renuncias públicamente a tus creencias y reniegas de todo lo que has enseñado al pueblo, te salvarás de la hoguera”.
John respondió: “¿Díganme, cuál es el error al que debo renunciar? No soy culpable de ningún mal. Le enseñé a los hombres el camino del arrepentimiento y el perdón de pecados, de acuerdo a la verdad del Evangelio de Cristo Jesús.
Por ese Evangelio estoy yo aquí, y estoy aquí con valor y alegría, listo para sufrir esta
muerte”. “Lo que enseñé con mi boca, ahora lo sellaré con mi sangre”.
Cuando encendieron el fuego, John Huss comenzó a cantar un himno con una voz tan fuerte y alegre que se oía por encima del tronar del fuego y del ruido de la multitud. Su canto era:
"Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí".
muerte”. “Lo que enseñé con mi boca, ahora lo sellaré con mi sangre”.
Cuando encendieron el fuego, John Huss comenzó a cantar un himno con una voz tan fuerte y alegre que se oía por encima del tronar del fuego y del ruido de la multitud. Su canto era:
"Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí".
Cuanto necesitamos hombres y mujeres así, que defiendan con pasión la verdad de Jesucristo! sin TEMOR, sin diluir el mensaje, sin adaptarlo a los oyentes, sin abaratar el contenido.
Que el Señor nos llene de valor, para su gloria!
"Busca la verdad. Escucha la verdad. Enseña la verdad. Ama la verdad. Vive por la verdad. Y defiende la verdad. Hasta la muerte". Juan Huss
